En cierta comunidad viven los habitantes de dos familias (A y B). Éstas se diferencian por dos características: Los de A siempre mienten; los B, nunca lo hacen. Un extranjero (que no habla el idioma de los residentes) visita la población y encuentra difícil distinguir a qué familia pertenece cada quien (dejándose llevar sólo por los rasgos físicos).
Se aproxima a un grupo de tres personas y decide preguntar a uno de ellos: «
¿A qué familia pertenece usted?» En seguida, el lugareño responde en su lenguaje natal y que no logra entender el foráneo. Se dirige, entonces, a los dos acompañantes (que comprenden y se comunican perfectamente con el habla del visitante) y les pregunta: «
¿Qué dijo?» Las respuestas fueron las siguientes:
El segundo: Dijo que es de la familia A.
El tercero: Dijo que es de la familia B.
¿De qué familia son cada uno de ellos?
Solución:
Las dos últimas respuestas son contradictorias. De esta oposición de afirmaciones se deduce que uno de ellos miente. Entonces,
el primero dice la verdad y pertenece a la familia B.
El tercero confirma nuestra inferencia y concluimos, evidentemente, que también
pertenece a la familia B.
El segundo es quien manifiesta una mentira e
integra la familia A.
En los ejercicios de este tipo siempre encontraremos dos enunciados opuestos. El hilo del razonamiento empieza desde aquí: la construcción de lo que es cierto se tornará obvio y sencillo de hallar.